01 Abr Cuatro apuntes sobre las constelaciones familiares. A modo de introducción.
Últimamente se oye a hablar más que antes de “constelaciones familiares” y de “sistémica”. Para algunas personas estas palabras las perciben con estupor, creyendo que es poco más que algo esotérico, y otras por el contrario lo aúnan directamente a una rama de la psicología, terapia o parecido. También se ha tildado de pseudociencia.
Después de unos años viviendo las constelaciones familiares desde dentro, yo las definiría como una manera de ver la vida, legado de Bert Hellinger. Para mi son más que una terapia puntual o una herramienta. Es casi una filosofía de vida. Bert Hellinger, teólogo alemán, nos dejó esta maravillosa aportación, siendo que a lo largo de su vida descubrió las “leyes” u “órdenes” que se dan en todos los sistemas familiares. Es por ello que se oye a hablar de los órdenes del amor y de los órdenes de la ayuda. Helliger, desde un punto de vista totalmente fenomenológico, constató las dinámicas ocultas que dificultan el ir hacia la vida de una forma liviana, así como las que se hallan bajo los conflictos y otras circunstancias que día a día vivimos. Sus obras y hechos están impregnados por una espiritualidad, que yo llamaría nueva, pero que en definitiva no es más que un ir hacia dentro, de ver más allá de lo que está a simple vista.
Siempre digo que una vez entras en este mundo de las constelaciones, es como ponerse las gafas “sistémicas”. Ves sistemas en todos los ámbitos y reconoces fácilmente dinámicas que se hallan ocultas a aquellos que no las llevan puestas. Aunque como digo, es una forma de ver la vida, lo que más llama la atención es la parte externa, esto es, los talleres o los trabajos en grupo. Llama la atención que unos representantes sientan y perciban sensaciones de los representados que no conocen. Parece casi mágico, pero no lo es. Ya en los años 80 del pasado siglo Rupert Sheldrake, en su teoría de los campos o resonancia mórfica, apuntó como si hubiera una memoria inherente en la naturaleza, y ya tuviera esa información cada uno de los seres. Las constelaciones estarían más unidas a esta información intrínseca que posee y está en cada uno de los sistemas (léase familia, empresa,…). Constelar no tiene nada que ver con la astrología. Simplemente se tomó esta palabra para definir la colocación en un espacio (una sala, un tapete,…) los elementos (personas, figuras…) que representaran a los integrantes del sistema (familia, empresa,…) sobre lo que vayamos a trabajar. De este modo, constelación sería más sinónimo de configuración.
Las constelaciones están siendo aplicadas en varias áreas, pedagogía es una de las que lleva más tiempo con ellas y sus resultados son muy esperanzadores. La mirada sistémica, cuando estamos con niños, hace que sea tremendamente más fácil abordar muchas de sus problemáticas. Si bien la sistémica, mediante el juego simulado y ejercicios, es totalmente aplicable al trabajo directo con niños, cuando hablamos propiamente de constelaciones, los niños (a mi modo de ver) deben quedar al margen, ya no solo porque quizás el niño no entendería nada, sino porque la función del niño en un sistema normalmente es sacar a la luz temas que los adultos debemos resolver.
Una constelación formal, en taller o individual, evidentemente que se puede mirar una situación que esté padeciendo el hijo, pero siempre el trabajo se hará con los progenitores. Los progenitores, mayores de edad, serán los encargados en su caso de plantear el tema, escoger los representantes, vivir la constelación e integrar la solución, pero dejando al margen a los niños. Cualquier tema que pueda estar reflejándose en los niños debemos mirar siempre a los progenitores. Los hijos, por lo general, hacen de altavoz de un asunto de los padres, de los abuelos, de quien sea.
Un trabajo consciente desde el cuidado del menor, mirando a los padres como adultos que son, hace que protejamos al hijo, y a la vez, lo liberemos de las cargas o del ruido que ha mostrado.
Una sola constelación puede ser o no suficiente para el conflicto. Será importante no sólo la actitud abierta y sincera del profesional, sino tan o más importante la actitud receptiva y colaboradora del consultante. Es un tándem, regido por la confianza y el respeto, la escucha mutua. Se debe escuchar lo que se dice, y a veces casi lo más importante, lo que no se dice.
CARME LÓPEZ PAGÁN
Abogada y Consteladora familiar y empresarial
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